Dale Carnegie

Ocho millones de personas, en 83 países y en 30 idiomas diferentes, han realizado el curso de Carnegie, “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas (How to Win Friends and Influence People”. Este curso se basa en el libro que en 1936 publicó Dale Carnegie con el mismo título.

Para desarrollar sus enseñanzas estudió la vida de Thomas Edison y Abraham Lincoln. Desde entonces, este best-seller ha influido a múltiples líderes empresariales, como es el caso de Warren Buffet.

Las lecciones de Carnegie, que antes de escribir el libro era un vendedor pobre, han demostrado su condición de atemporales, pudiéndose aplicar tanto a la vida como a los negocios. Pero, sobre todo, “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas” puede concebirse como un manual de persuasión y comunicación efectiva. En cualquier caso, el libro es un referente ideal para convertirse en un líder eficiente y carismático.

Los tres hábitos que detectó Carnegie en sus investigaciones

Carnegie descubrió que las personas más influyentes del mundo practicaban tres hábitos diariamente:

Evitan criticar, prejuzgar y quejarse

En su libro, Carnegie escribe que la mayoría de estúpidos se quejan, critican y prejuzgan. Por el contrario, hace hincapié en la necesidad del autocontrol para ser comprensivo e indulgente. Carnegie añade que las personas exitosas son conscientes de que el resentimiento y el rencor no llevan a ninguna parte y les pueden perseguir durante años.

El liderazgo se basa en establecer una comunicación eficaz con el conjunto del equipo, para lo cual es necesario tender puentes en vez de barreras, hablar desde la empatía y con una perspectiva inclusiva y positiva.

El libro sigue siendo muy válido en la era digital (ver libro en Amazon)

Muestran humildad y apreciación sincera

La mejor manera de hacer que una persona saque lo mejor de sí misma es mostrar aprecio por el trabajo que realiza, valorarla, ensalzar sus cualidades y motivarla. Si hay algo que anula la ambición y la productividad de un empleado son las críticas y la infravaloración por parte de sus superiores.

Esto, lógicamente, no significa que haya que aprobar el trabajo mal hecho, sino que la humillación, la infravaloración y el desprecio no van a resolver los errores cometidos.

La clave pasa por expresarse en términos positivos, inclusivos y estimular la resolución de un conflicto apelando a la colaboración y señalando las cualidades positivas del interlocutor. Con esta dinámica, una situación que podría resultar tediosa se convierte en un reto y en una oportunidad de aprendizaje. En vez de un empleado hastiado, será un empleado motivado.

Desarrollar las habilidades sociales es imprescindible para solventar eficientemente las competencias que exige el liderazgo.

Desarrollan la empatía

En su libro, Carnegie destaca que la única manera que existe de influir en otras personas es hablándoles de lo que ellos quieren y mostrarles cómo conseguir lo que anhelan.

Las personas influyentes no desarrollan estrategias de manipulación que se basan en la decepción o el engaño. En lugar de ello, toman decisiones que benefician a ambas partes.

Henry Ford sostenía que el secreto del éxito radicaba en la habilidad para ponerse en la piel de las otras personas y ver las cosas desde el punto de vista de los demás con la misma facilidad que tenemos de observarlas desde nuestra propia perspectiva.

Para ser una persona empática es crucial entender por qué alguien actúa de la manera en que lo hace.

Pautas fundamentales para tener en cuenta

Algunas pautas fundamentales que Dale transmite en su libro para cultivar estos tres hábitos y dominar el arte de la persuasión son las siguientes:

El lenguaje corporal. Es muy importante ser consciente de tu gestualidad, el movimiento de tus manos y la expresión facial. Pero recuerda que lo más importante es una sonrisa sincera.

El nombre de la persona a la que te diriges. Utiliza su nombre a lo largo de la conversación. Aparte de la personalización, causa una sensación de acercamiento y le hará sentirse importante.

-Escucha activamente a la persona con la que hablas y mientras conversáis préstale atención exclusiva. Anímale también a que hable de sí mismo, muéstrale a esa persona que es importante para ti y por eso es el centro de toda tu atención.

-Demuestra respeto por las demás personas y asume tus equivocaciones con humildad. Por supuesto, no intentes imponer tu criterio y solicita abiertamente la opinión de tu interlocutor. Se consigue más cediendo que discutiendo. En vez de tomar una actitud defensiva, busca los puntos en común y exponlos con amabilidad.

-Intenta descubrir en qué benefician tus ideas a la otra persona e incentiva que piense que son sus propias ideas.

Finalmente, recuerda que la historia ha demostrado que llegan más lejos aquellas personas que apelan a los intereses de los demás y a su fibra emocional, que las personas que sólo se preocupan por sí mismas.

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