Que la tan añorada integración de América Latina y el Caribe había llegado, y que era el momento de declarar la nueva independencia de la región. O que los discursos de los 33 Jefes de Estado y de Delegación eran prometedores respecto al maravilloso futuro que le esperaba a la subregión gracias al nacimiento de la CELAC: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.
Otros, sin embargo, son más cautelosos. Y tienen fundamentos para ello. El sueño de la integración latinoamericana ha sido motivo para la creación de múltiples organismos regionales, sobre los cuales difícilmente podríamos decir que han sido exitosos en el cumplimiento de sus objetivos. Y eso, considerando que muchos de ellos se pensaron reuniendo a un número limitado de países, lo que hacía suponer que la convergencia hubiese sido menos complicada. La historia no lo ha demostrado así.
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, reúne a 33 países de América y excluye intencionalmente a dos: Canadá y Estados Unidos. 33 países unidos precisamente por la intención de distanciarse de los dos antes mencionados. Una OEA para el latinocaribe, dicen algunos. Así que, lo primero que debe aclararse sobre la CELAC es que esta instancia lo último que propone es una integración económica: no se hagan ilusiones. La canciller colombiana la definió más bien como un ‘foro político’, ni siquiera una organización. Por ello, tampoco se hagan ilusiones sobre una integración muy fructífera.
Y es que María Ángela Holguín, canciller de Colombia, no es la única que piensa así. Si bien el proyecto nace con un fuerte liderazgo del presidente venezolano Hugo Chávez, quien pretendía lograr que CELAC reemplace a OEA, no han sido pocos quienes han insistido en bajar las expectativas sobre el enésimo organismo regional de integración.
La Cumbre de Caracas fue una cumbre de sonrisas. Los múltiples discursos de los presidentes insistían en la necesidad de integrarse, de buscar la riqueza en la diversidad. Unos llamaban la atención con cifras muy interesantes sobre la conveniencia de la integración, otros criticaban la ineficiencia de la Organización de Estados Americanos, y otros explicaban sus agendas nacionales. Pero de acciones concretas para caminar hacia la integración, poco se habló. Y eso tampoco sorprendió.
Indudablemente, los países que integran la CELAC tienen un potencial excepcional. Sus economías juntas alcanzan cifras sorprendentes, sus riquezas naturales son codiciadas por el resto del mundo, y su habilidad para salir libres de la crisis económica del Norte ha sido envidiada por muchos. Sin embargo, sus líderes insisten en renovar los sentimientos nacionalistas en sus países y resaltar el principio de soberanía como el valor más preciado para su independencia.
Soberanía e integración no van precisamente de la mano. El nacionalismo tampoco ayuda, si lo que se intenta es crear una identidad común en torno a Latinoamérica y el Caribe. Por último, la independencia es un imposible si recordamos algo que para la mayoría es obvio pero para nuestros líderes no: en el siglo XXI, la característica del escenario internacional es su interdependencia. Así como América Latina necesita del Caribe para crecer, también necesita de Norteamérica, Europa, y todas las regiones del planeta. Pretender vender una idea de independencia es ofrecer a los pueblos un discurso demagogo. La demagogia, recordemos, está destinada al fracaso.
Paúl Coellar Ríos

| Revista Estrategia Derechos Reservados | ![]() |
| Dirección: Edif. Cámara de Industrias Oficina 406 (Cuenca - Ecuador) | |
| Teléfono: (593) 72 885 524 | |
| Email: publicidad@revistaestrategia.com |